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Cinco estudiantes cruzan un umbral: ceremonia de reconocimiento de Cinturón Negro en el Centro de Artes Orientales

El pasado sábado 25 de abril, el Centro de Investigación de Artes Orientales fue escenario de una ceremonia que trascendió la idea convencional de examen. Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego llegaron a un momento que, en palabras de sus maestros, «no se conquista: se revela».

No hubo nervios de evaluación. No hubo jueces. Lo que hubo fue reconocimiento. Cinco estudiantes que han caminado el camino de las artes marciales durante años se presentaron ante su comunidad no para ser juzgados, sino para ser vistos en lo que ya son.

Más allá del examen: el arte del reconocimiento

«Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego no se han examinado. Han dado testimonio», explicaron la Maestra Eva Caimari Caldes y el Laoshi Ricardo Gustavo Cussatti Araujo tras la ceremonia. «Fue así porque cuando uno llega verdaderamente a ese umbral, ya no desea ser: simplemente es. Y todo deseo de demostrar se disuelve en algo más silencioso y más hondo.»

Esta concepción de la graduación en artes marciales recupera una tradición antigua donde el paso de nivel no era un acto de evaluación sino de reconocimiento comunitario. El maestro presentaba a sus alumnos ante la comunidad no para que fueran juzgados, sino para que fueran reconocidos. Los compañeros eran los testigos. Y en ese reconocimiento colectivo, se sellaba algo que ningún título podía sellar solo.

Testigos, no espectadores

El sábado 25 de abril, quienes estuvieron presentes en el Centro de Investigación de Artes Orientales no fueron espectadores de una demostración técnica. Fueron testigos de un ser que se revela.

«Quienes estuvieron presentes fueron testigos de lo que Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego ya son», señalaron los maestros. «Y ese ser, visto y reconocido por los suyos, se vuelve más real, más firme, más vivo.»

Esta filosofía sitúa el progreso en las artes marciales no en el ámbito del hacer sino del ser. No se trata de ejecutar técnicas perfectas para obtener aprobación, sino de encarnar una presencia que la comunidad reconoce porque es auténtica.

Presencia, no perfección

«Lo que hemos visto hoy no era perfección. Era presencia. Y eso vale infinitamente más», expresaron la Maestra Eva y el Laoshi Ricardo.

Esta distinción es fundamental en la filosofía del Centro de Investigación de Artes Orientales: las artes marciales no son un camino hacia la perfección técnica absoluta, sino hacia la presencia total. La presencia es estar completamente aquí, ahora, en el cuerpo, en el movimiento, en el momento. Sin dividirse entre lo que uno es y lo que uno querría demostrar que es.

Los cinco estudiantes que cruzaron ese umbral el sábado mostraron eso: no una ejecución impecable de formas ensayadas, sino una manera de estar que refleja años de práctica, de caídas, de levantarse, de perseverar sin exigir recompensas inmediatas.

El camino recorrido

Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego han caminado durante años el camino de las artes marciales en el Centro. Han entrenado bajo la guía de la Maestra Eva Caimari Caldes y el Laoshi Ricardo Gustavo Cussatti Araujo. Han compartido tatami con compañeros. Han sudado, se han frustrado, han persistido.

«Gracias a cada uno de ellos por dejarse ver. Por caminar todos estos años sin pedir que el camino los recompensara antes de tiempo. Por confiar», expresaron sus maestros.

Ese «dejarse ver» requiere vulnerabilidad. Presentarse ante la comunidad sin armadura, sin pretensiones, simplemente siendo lo que uno es después de años de práctica. Esa confianza —en el proceso, en los maestros, en uno mismo— es lo que permite que el umbral se revele.

El cinturón: un comienzo, no un final

La ceremonia del sábado marcó un paso importante en el camino de estos cinco estudiantes, probablemente la obtención de un cinturón negro o un nivel avanzado significativo. Pero en la visión del Centro, ese momento no es una culminación sino una apertura.

«El arte verdadero no termina en el cinturón. Empieza», concluyeron la Maestra Eva y el Laoshi Ricardo.

Esta perspectiva invierte la narrativa común del logro. El cinturón negro —o el grado alcanzado— no es la meta final que cierra un ciclo de aprendizaje, sino el umbral que abre un nuevo nivel de práctica. Es cuando uno ha demostrado suficiente madurez, técnica y carácter para empezar realmente el camino del arte marcial como vía de vida.

Una comunidad que sostiene

El hecho de que la ceremonia fuera un acto de reconocimiento comunitario subraya la importancia de la sangha —la comunidad de práctica— en el camino de las artes marciales.

Los compañeros que fueron testigos no eran jueces externos evaluando fríamente. Eran hermanos y hermanas de camino que reconocen en Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego algo familiar: el fruto de años de práctica sincera.

Este reconocimiento mutuo es lo que sostiene a cada practicante cuando el camino se vuelve difícil. Saber que uno es visto, no juzgado. Que uno es sostenido, no evaluado. Que uno pertenece a una comunidad que valora el ser sobre el demostrar.

La filosofía del Centro de Investigación de Artes Orientales

Esta ceremonia refleja la filosofía integral que la Maestra Eva Caimari Caldes ha cultivado en el Centro de Investigación de Artes Orientales:

  • Artes marciales como camino de vida, no solo deporte o técnica
  • Énfasis en el desarrollo del ser, no solo en el hacer
  • Comunidad como sostén, no solo individuos compitiendo
  • Reconocimiento sobre evaluación, valorando la presencia auténtica
  • El cinturón como comienzo, no como meta final

Esta visión integra la dimensión deportiva y competitiva del wushu (como evidencian las medallas nacionales de los atletas del Centro) con la dimensión formativa, filosófica y espiritual de las artes marciales tradicionales.

El Centro, que también acoge prácticas de meditación con el Khenpo Lama Thinley Tharchen, ceremonias tradicionales orientales como la celebración del Año Nuevo Lunar, y eventos culturales como el Baño de Gong, ofrece un espacio donde las artes marciales se practican en su contexto cultural y espiritual completo.

Los maestros: Eva Caimari y Ricardo Cussatti

La ceremonia estuvo conducida por la Maestra Eva Caimari Caldes, directora del Centro de Investigación de Artes Orientales y del área de Artes Orientales de la Fundació ACA, y el Laoshi Ricardo Gustavo Cussatti Araujo, responsable técnico y delegado de la Federación Balear de Judo y Deportes Asociados.

Ambos maestros combinan:

  • Formación técnica rigurosa en artes marciales
  • Experiencia como competidores y formadores de campeones
  • Comprensión profunda de la filosofía oriental
  • Compromiso con la transmisión integral del arte marcial

Su trabajo conjunto ha creado un espacio donde es posible competir a nivel nacional y al mismo tiempo cultivar la dimensión contemplativa y filosófica de las artes marciales.

Un momento memorable

Para Isaac, Gustavo, Carlos, María Ángeles y Diego, el sábado 25 de abril de 2026 quedará marcado en su memoria no como el día que «aprobaron un examen», sino como el día que fueron reconocidos por su comunidad como lo que ya son.

Y para quienes fueron testigos, fue un recordatorio de por qué practican artes marciales: no para acumular cinturones o demostrar habilidades, sino para cultivar un ser que se vuelve cada vez más presente, más auténtico, más vivo.

El camino continúa. Como dijeron los maestros: el arte verdadero no termina. Empieza.


CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO – ARTES MARCIALES

Fecha: Sábado 25 de abril de 2026
Lugar: Centro de Investigación de Artes Orientales
Estudiantes reconocidos:

  • Isaac
  • Gustavo
  • Carlos
  • María Ángeles
  • Diego

Maestros:

  • Maestra Eva Caimari Caldes
  • Laoshi Ricardo Gustavo Cussatti Araujo

Filosofía: Reconocimiento comunitario sobre evaluación individual. Presencia sobre perfección. El cinturón como comienzo, no como fin.